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Uruguay nos tocó el orgullo

(Por Leo Farinela) No jugó mal Argentina. Jugó bien Uruguay. Empecemos por ahí, por reconocer la superioridad del equipo de Bielsa, que planteó un partido muy físico y friccionado, aprovechando la fortaleza e intensidad de sus mediocampistas y con una obediencia colosal para hacer persecuciones individuales casi por toda la cancha. La clave de la enorme victoria uruguaya fue la concentración para pelear cada metro, defender duro y bien agrupados, y de hacer prevalecer la potencia a la contra de Darwin Núñez.
Sinceramente, Argentina no encontró nunca el partido. Somos un equipo acostumbrado a manejar la pelota a placer, tenerla, cuidarla, hacer posesiones largas y no fue el caso. Uruguay no nos dejó. Nos marcó incansablemente, nos asfixió y fue inteligente incluso a la hora de elegir a quién dejar libre en algunos casos… Le dejaron la pelota a Otamendi, un guerrero descomunal en la marca que no tiene en la salida su fuerte.
Lo poco que pudimos construir fue a partir de reacciones emocionales esporádicas de Messi, con sus apiladas indescifrables, haciéndose cargo de un trámite complejo y cuesta arriba, sacrificando su integridad física a puro amague y gambeta para un lado y para otro intentando desacomodar a un rival que se juramentó marcarlo a morir y no salió jamás de su libreto. Uruguay estaba dispuesto a correr otros cien minutos sin chistar de haber sido necesario.
No pudo recomponer la cosa en el entretiempo con los cambios tácticos Scaloni. Pareció lo contrario incluso, que al equipo le costó adaptarse a la nueva disposición. Restringió a Julián a jugar por izquierda el ST como una especie de extremo, donde claramente estuvo incómodo. Desarmó el medio, que jugó en inferioridad y nunca pudimos hacernos dueños del partido. En fin, fue una clara victoria de Bielsa, bien por el maestro de una generación de técnicos que suele tener el respeto de los protagonistas y no tanto reconocimiento en la gente. Se jugó el partido que quiso Uruguay y ni siquiera pudimos desbordarlos en esos típicos apures de guapos que se dan en los clásicos sudamericanos y en las que no los arriamos. Nos cortaron una larguísima serie invicta de la Selección en Eliminatorias, incluyendo toda la campaña pasada que concluyó con el título mundial en Qatar.
Ahora llega una revancha rápida, con un Brasil que viene de golpe en golpe, nada menos que en el Maracaná. Es otro partido, totalmente distinto. Uruguay se está haciendo fuerte desde la exuberancia y prepotencia física de Valverde, Ugarte, Darwin, Araujo y compañía. Marcando, metiendo y saliendo a la contra rápida. Brasil es un ritmo más lento. Obviamente, si los dejás jugar te pintan la cara, pero vienen flechita para abajo. Será un partido de intensidad más baja, seguramente, pero que plantea la concreta posibilidad de irnos con las manos vacías en una doble fecha por primera vez.
Hay que creer en el campeón del mundo. Así como asistimos a una nueva noche épica de Uruguay, que parece disfrutar de estas hazañas deportivas y se dio el gran gusto en la Bombonera, ahora nos toca a nosotros hacernos fuertes otra vez en el Maracaná. Nos tocaron el orgullo. Toca reaccionar.

Foto: @fotobairesarg

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