River y el día después del Superclásico
A diferencia de lo que venía sucediendo en líneas generales en los Superclásicos en el Monumental, sobre todo en lo estrictamente futbolístico, en River no quedaron contentos con lo sucedido en la tarde del domingo. Así lo dejó en claro el propio Martín Demichelis al esbozar un «nos quedó la amargura por no haber podido cerrar lo que buscábamos». Y allí resumió un poco las sensaciones que quedaron internamente. «Sabor a poco» es otra de las frases con las que definen puertas adentro el 1-1 contra un Boca que, sobre todo en el final del segundo tiempo, se acercó más a la victoria que el dueño de casa.
Por cómo llegaba el equipo (más allá de la última deslucida presentación con Banfield) y también por cómo lo hacía el eterno rival (de perder con Lanús), pero sobre todo por cómo se presentó el partido con ese gol repentino de Pablo Solari en el despertar del complemento, en Núñez creían que tenían las de ganar; y por más de un gol.
¿Qué pasó? Hay mea culpa, autocrítica. Creen que faltó liquidar el Superclásico tras el 1-0 y que errores propios le abrieron la puerta a un Xeneize que se mostró más lucido en los últimos 30 minutos, con la consecuencia de haber conseguido sellar tablas en el marcador.
Pero la historia terminó repartiendo un punto por lado y lo positivo para River es que le sirvió para subirse nuevamente a la punta de la Zona A de la Copa de la Liga (lo cual no es poco a mitad de camino en el campeonato), gracias a la caída de Independiente en el clásico de Avellaneda.

