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El Ferroviario va en busca de otra título para engrandecer su historia

Los mil kilómetros que separan Santiago del Estero de Liniers, las historias totalmente dispares y los escasos antecedentes entre ambos bien podrían augurar para el desprevenido nulos puntos de fricción entre Vélez y Central Córdoba, más allá del título que disputarán este sábado desde las 16 en el Gigante de Arroyito de Rosario. Pero, por circunstancias recientes, lo cierto es que esta Supercopa Argentina 2024 carga agua bajo el puente: será un encuentro especial, sobre todo para el Fortín, y por heridas recientes.
Un Vélez que parte como favorito sabiendo que no puede relajarse reflotará frente al Ferroviario recuerdos de una noche traumática, en una semana cuyo final (muy) feliz colaboró con un conveniente olvido. El 11 de diciembre de 2024 quedó para los santiagueños como la fecha gloriosa de su primer título de la máxima categoría, superando al Fortín por 1-0. Pero detrás de esa fría estadística se tejían dos caminos cargados de emotividad.
Después de una década y de una salvación del descenso de última fecha, el Vélez de Gustavo Quinteros era protagonista excluyente del año. Sobrepuesto a un cachetazo durísimo perdiendo por penales la final de la Copa LPF frente a Estudiantes, promediando la Liga de 27 fechas se había convertido en un equipo descollante. En su furibundo andar en la Copa Argentina habían caído frente a él San Lorenzo, Independiente y Boca, éste en un infartante y recordado 4-3.
Pero lo cierto es que, para fin de año y con un plantel muy corto en doble competencia, los de Liniers se venían quedando sin nafta. Una seguidilla de empates habían revivido a sus perseguidores en el torneo, había sufrido la sensible lesión de Thiago Fernández, enfrentaba rumores de división en el plantel y su directiva protagonizó un enfrentamiento público primero con el Xeneize y luego con la Copa Argentina por la programación de los encuentros, con Quinteros poniendo el grito en el cielo ante lo que entendía se trataba de un calendario insostenible y con viajes de por medio.
Menos rimbombante pero también con solidez, el andar del Ferroviario de Omar De Felippe había tenido como puntos altos los triunfos frente a Estudiantes, Newell’s por penales y Huracán, y arribaba al desenlace aferrado a la ilusión de dar un batacazo en las primeras planas y obtener su bautismo de fuego en el plano internacional, accediendo a la Copa Libertadores. En el medio, la ruleta de posibles resultados de ese fin de año también incluía inquietudes de terceros de la talla de Boca, cuyo boleto copero dependía de quién se coronara en cada competencia. Un cóctel de intereses cruzados.
El sábado 7 de diciembre, el anterior a la final Santa Fe, la cancha de Unión fue también el escenario de un tremendo cachetazo para Vélez: con la chance de ganar y consagrarse en la Liga Profesional, resultó una sombra, perdió por 1-0 con el local y masticó bronca cuando Franco Pardo pareció bajar en el área a Francisco Pizzini sin sanción alguna, en unos tiempos también muy adversos para el equipo porteño en el rubro polémicas. Tanto desgaste físico y psíquico y la última fecha frente al Globo el domingo 15 llevaría además a que el Profe no presentara su once de memoria ante el Ferroviario. también llegaba con chances en el torneo ¡y le ganaron por 3-1! Así, los de Gustavo Costas agotaron su ilusión de campeonar y el Ferro se entonó para lo que se venía. Quinteros pateó el tablero tras la desazón frente al Tatengue y sacó a Claudio Aquino y Pizzini de arranque. Y el equipo siguió sin funcionar, más resentido en su fase de generación. Aún así, el Fortín provocó un penal ignorado por Yael Falcón Pérez cuando Lucas Abascia atajó la pelota con un brazo oportunamente de apoyo, oficiando de segundo arquero ante un remate de Elías Gómez.
Igual, en ese primer tiempo hubo chances para ambos bandos y antes del descanso Tomás Marchiori le tapó una chilena tremenda a Matías Godoy. Un anticipo de lo que vendría. En una competencia sin VAR, el complemento inició con una grosera salida del área del arquero Luis Ingolotti con las manos, también ignorada por el árbitro. Ya con Aquino en cancha, el once pareció extrañar más a su reemplazado Christian Ordóñez y el trámite estaba para cualquiera.
A los ocho minutos, Godoy quiso tirar un centro desde la derecha y lo clavó bombeado en el ángulo derecho de Marchiori. Fue la suerte del campeón, porque luego el encuentro se fue cerrando y la fortuna volvió a intervenir para evitar los penales con Valentín Gómez estrellando un sablazo en el travesaño. Cuando empezó a jugar la garra santiagueña, el partido no se jugó más.
Central Córdoba se quedó con todo y la frustración de Vélez -cuyos jugadores lloraban en el campo- se trasladó a las tribunas, donde hasta hubo piñas entre familiares de los futbolistas y algunos hinchas que los increparon. Tanto quiebre a cuatro días del final de la Liga Profesional parecía presagiar lo peor para el mejor equipo del año y agrandaría luego la imagen del Fortín campeón de Liga en una soleada tarde del Amalfitani superando tantas adversidades, aunque la espina quedó clavada con el triste recuerdo de esa noche esquiva.